Seguridad infantil en los autos: toda prevención no es exagerada

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Los accidentes automovilísticos constituyen un peligroso mal de las sociedades en desarrollo. En México, por ejemplo, es la primera causa de muerte en niños de 4 a 12 años. En Chile, casi 300 menores de 18 años mueren anualmente en este tipo de circunstancias. Y por cada uno que fallece, cuatro quedan con daño neurológico permanente o bajo complejas hospitalizaciones.

Los tristes detalles de la penosa muerte de la menor Emilia Silva Figueroa resultan elocuentes para evidenciar el permanente riesgo que viven los niños arriba de un vehículo, lo que remarca la necesidad de que cualquier medida de protección no resulta exagerada.

Emilia iba correctamente ubicada en el auto de sus padres, con la silla que correspondía a su edad, pero fue la irresponsabilidad de un conductor ebrio que impactó a gran velocidad la parte trasera del vehículo donde iba, originando en la  menor lo que los médicos denominan “efecto latigazo”.

Es decir, “una aceleración y desaceleración del cuerpo en la que, dentro del cráneo, el cerebro choca con la misma estructura ósea, produciendo una inflamación que suele ser fatal”, según explicó el tanatólogo del Servicio Médico Legal, Marcos Pulleghini, en el juicio que determinó la culpabilidad del chofer causante de la tragedia. Eso sí, por diversos e increíbles tecnicismos legales, el responsable del hecho no fue a la cárcel.

Los crudos datos

Un menor de dos años que choca en un auto que va a 40 kilómetros por hora sin ninguna protección, se estrella contra el parabrisas y lo traspasa. Tal como si cayera de un cuarto piso.

Titulado de la Universidad de Chile y con más de tres décadas de experiencia, el pediatra Carlos Hinzpeter es especialista en pacientes críticos. Con formación de cuidados intensivos en el California Lutheran Hospital de Los Ángeles, Estados Unidos, explica que en vez de “accidentes” hay que referirse a estos hechos como “lesiones no intencionales”.

Según su experiencia y estudios, el 70% de los accidentes de tránsito ocurren en la ciudad, mientras que el 60% de ellos son dentro de un radio de 20 kilómetros cercano a la casa de los afectados. Así, comentarios como “sólo protejo a mis hijos cuando salgo de Santiago” o “para qué tanta complicación si voy aquí cerquita” no resultan válidas a la luz de los crudos datos duros.

Hablar de “accidentes” alude más bien a una lógica de “siniestralidad” o “mala suerte” que no corresponde a la realidad. Se trata de hechos no intencionales que, en rigor, no debieran ocurrir. Detrás de la mayoría de estos tristes eventos, hay algún aspecto que podría haberse previsto.

Cultura de seguridad

Ni siquiera los famosos “airbags” son sinónimo de prevención en el caso de un niño que va sentado adelante en un auto.  Estos elementos están diseñados para golpear a un adulto de 1.75 metros en el pecho. Salen a una velocidad de 300 kilómetros por hora y su inflado dura décimas de segundo. Lo suficiente para frenara una persona grande en el minuto del accidente.

Si un niño de ocho años se sienta de copiloto, al momento del accidente va a ir hacia adelante y en el instante del impacto el airbag va a salir a 300 kilómetros por hora, pero no le va a pegar en el pecho, le va a pegar en la cara, lanzándole el cuello hacia atrás y provocándole una fractura a nivel cervical de altísimo riesgo.

“Tanto así que algunos autos vienen con letreros advirtiendo y otros más sofisticados tienen un sensor de peso, si no da el equivalente mínimo requerido, que son entre 55 y 65 kilos aproximadamente, automáticamente el airbag se desconecta”, explica el doctor Hinzpeter en su sitio web www.noaccidentes.com.

La filosofía de la prevención se centra en que es imposible evitar el cien por ciento de los accidentes. Pero hay que concentrarse en evitar los que causan la muerte. En el caso de los menores, usando bien las sillas para niños en los autos. Y si ya están más grandes, en el uso correcto y permanente del cinturón de seguridad.

Lo importante es transmitir una cultura de seguridad en las familias. “Los niños son imitativos”, dice el especialista. “En la medida de que los padres muestren una actitud apropiada de seguridad, los niños la van ir adquiriendo de manera natural”, asegura.

Las lesiones según los impactos

Captel es una organización argentina que trabaja con profesores básicos y medios, especializándolos en áreas complementarias a sus requerimientos docentes. La entidad realizó un detallado análisis de las principales lesiones de los accidentes automovilísticos para ser tratados en las salas de clases junto a los niños, subrayando una cultura de seguridad.

La lesión más frecuente se produce en el raquis cervical superior, conocido también como unión craneospinal o complejo occipito-atlanto-axial. Se trata de una de las estructuras de unión más complicadas de todo el organismo. Los elementos óseos que lo forman son la base del hueso occipital y las dos primeras vértebras cervicales. Se compone también por ligamentos, membranas y estructuras articulares, que proveen una porción significativa de la movilidad de la columna cervical. Los efectos producidos en esta zona pueden ser fatales si no existe prevención en el transporte de los menores o si el impacto mismo es demasiado severo.

Impactos frontales

La suma de velocidades entre los vehículos impactantes se suma a la súbita desaceleración. Por ello, los menores y las personas que se encuentran dentro del vehículo se pueden mover de distintas formas, con variadas consecuencias físicas. Cuando un ocupante fluye por debajo del asiento hacia el tablero, las zonas que absorben la mayor parte del impacto son las rodillas y las piernas, produciendo una dislocación de rodilla, fractura del fémur y dislocación o fractura de las caderas. En cambio, si el cuerpo es impulsado por encima del volante, uno de los posibles impactos se produce en el abdomen, ocasionando lesiones por compresión de órganos y vísceras. A medida que el cuerpo se proyecta hacia arriba y el tórax gira, impacta contra el volante y el tablero. En ese caso, las heridas se producen por compresión, ocasionando fractura de costillas, contusión pulmonar, neumotórax y contusión miocárdica. Si el desplazamiento del torso continúa hacia delante, la cabeza choca contra el parabrisas, ocasionando daños en la región cervical. Las heridas potenciales de la cabeza incluyen fractura de cráneo, contusiones cerebrales, hemorragia intracraneal y traumatismo facial superior.

Impactos laterales

Los traumas se generan en lesiones por compresión al tórax, pelvis y extremidades superiores e inferiores. También la clavícula y la cabeza pueden sufrir heridas al impactar contra diversas áreas del vehículo. El cuello es una de las zonas más afectadas porque soporta menor fuerza de desaceleración de costado. Además, debido a la cercanía de los pasajeros con las puertas, se pueden originar lesiones en el hígado, bazo, intestino o pulmones.

Es complejo determinar con exactitud cuáles son las zonas en donde los menores sufrirán las lesiones de mayor consideración, debido a que el vehículo puede impactar varias veces en varios ángulos distintos. Dependiendo de la gravedad de cada caso, un vuelco puede ser la colisión más violenta para los ocupantes, ya que el cuerpo impactar contra varias zonas del vehículo no diseñadas para amortiguar golpes de personas.  Si los ocupantes no tienen el cinturón colocado o los menores sus correspondientes protecciones, pueden salir despedidos parcial o totalmente del vehículo con serio riesgo de muerte.

Por: Claudio Pereda Madrid

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