Por quinta vez en el año roban en tradicional kiosko ubicado a pasos de la Gobernación El Loa y de Prefectura de Carabineros

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«Hoy es un día triste para mi padre Edmundo Pizarro «Panchito». Hoy ha llegado a su fin 38 años de historia y tradición de su quiosco de la plaza «Los Héroes» (costado del Registro Civil). Los ladrones le robaron todo, cuando les digo todo, es todo», denunció con triste su hijo Francisco.

«No saben como me siento al ver a mi padre atónito e impotente al llegar aquella mañana y ver su kiosko despojado, invadido, su pasión de toda una vida ha sido violentada en forma brutal. La delincuencia nos ganó, ya con esta han sido cinco los robos, ya no se puede», agregó.

«Tuvimos que llevarnos a mi padre a la casa, triste, melancólico, añorando tiempos pasados, que sin duda, fueron mejores, pero la delincuencia principalmente, y la pandemia fueron mas fuerte», apuntó.

«No estoy pidiendo una campaña de beneficio, ni tampoco una ayuda económica, ni nada por el estilo, estoy haciendo un llamado de alerta, a todas las autoridades, a la Gobernadora, aunque sé muy bien que no leerá esto, pero que trabaja cada día al lado del kiosko de mi padre, pero que no mira a su alrededor. Señores la delincuencia a cruzados los límites, no he leído a ningún candidato a alcalde ni concejales que presenten algún programa o proyecto de lo que se puede hacer con el antiguo hospital», criticó.

Añade que en agosto de 2018 se concretó el traslado. «Desde esa fecha el sector fue abandonado, luce triste, sucio, tomado por la delincuencia, se percibe una sensación de inseguridad y temor de las personas, pero nadie hace nada, solo palabras de buena crianza», indicó.

«Me quedo con la tranquilidad que mi padre está en casa. Gracias a Dios le hemos podido dar junto a mis hermanos una vejez digna, segura, tranquila, con sus necesidades cubiertas completamente, pero también sé que le arrancaron un pedazo de su corazón, él que en su kiosko ha visto pasar por 4 décadas a generaciones de hombres y mujeres, pero todo tiene su fin. Quizás algún día mi padre volverá a abrir su amado kiosko y abrazar nuevamente su oficio de suplementero», cerró con melancolía.

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