Mercado laboral en Chile: Breve radiografía de una desigualdad

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“Trabajo, trabajo, trabajo” alcanza a decir el candidato a diputado Sergio Velasco el año 2005, en los escasos dos segundos que dispone en la franja televisiva política de ese año, debido a que abandona su partido Demócrata Cristiano, y enfrenta la campaña electoral como independiente.

Aunque no resulta electo, se reconoce hasta hoy que su grito de guerra permanece no sólo en la memoria de las personas sino que ha ido adquiriendo cada vez más importancia en la vida del país.

Tanto el estallido social de octubre de 2019, como la actual pandemia del coronavirus, han puesto de relieve el tema laboral en Chile como son sus condiciones, características, perfiles y requerimientos, dejando un sabor amargo al revisar estos aspectos.

De allí que se entienda el interés que existe por el proyecto de reducción de jornada laboral a 40 horas, presentado por la diputada Camila Vallejo (PC) en 2017 y que desde enero del año 2020 se encuentra detenido en el Senado, a la espera de ser votado en uno de sus últimos trámites. Para llegar a ese punto, sin embargo, debe correr mucha agua bajo el puente.

“Trabajar como franceses y crecer como asiáticos”

Los gremios empresariales critican fuertemente el proyecto porque insisten en que es una medida que incrementa los costos y baja los sueldos. El actual gobierno se suma a esos puntos y asegura –además- que de avanzar, la idea va a ser vetada por el mandatario.

Contra todo diagnóstico, el proyecto no es vetado y hoy, ante la extraña detención en la que se encuentra, obtiene constante apoyo en la ciudadanía. Mal que mal el trabajo ha sido un punto crucial a la hora de profundizar la desigualdad socioeconómica en el país.

El Programa  de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) plantea en el libro «Chile en veinte años» (2017) que el «Informe de Desarrollo Humano (IDH) 2012 revela que en el país la desigualdad de los proyectos de vida es más aguda de lo que diagnosticaba el IDH 2002: no sólo los soportes sociales sino que la capacidad misma de diseñar e incluso soñar un proyecto de vida  está desigualmente distribuida en la población».

La publicación decía casi tres años antes del estallido social que este cuadro preocupante afecta de manera especial a jóvenes y a mujeres.

El año 2018 en el estudio «El mercado laboral en Chile: Una mirada de mediano plazo», elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), entidad especializada de las Naciones Unidas, señala que aunque las mujeres cada vez más se incorporan al mercado laboral del país, existe una brecha clara de género en cuanto a cantidad de puestos laborales y a sueldos.

Sin embargo, uno de los puntos más esgrimidos por los gremios empresariales para discutir el proyecto de las 40 horas, es que los trabajadores chilenos no son productivos. Un estudio del actual gobierno señala que una persona labora en el país 245 horas más al año que el promedio de sus pares de la OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que reúne  a las economías más desarrolladas del mundo y del que Chile forma parte. Más aún, el economista chileno Ricardo Caballero, sostiene en una entrevista que “queremos trabajar como franceses y crecer como asiáticos”.

Pero hay un concepto que profundiza más en este aspecto llamado Productividad Total de Factores. Para el economista estadounidense Robert Solow es a partir de ahí que debe analizarse el mercado laboral.

Subraya que más allá del capital y del trabajo, el avance económico se logra con innovaciones reales y eficientes. La productividad no es un problema cultural (“Trabajadores flojos”) sino que estructural, o sea, se debe invertir en gestión empresarial, patentes de alta tecnología, exportación sofisticada y sobre todo en Investigación y Desarrollo (I+D).

Según estudios del ministerio de Economía, el 47% de los empresarios chilenos considera que no es una prioridad ni es necesario para sus compañías invertir en esa área.

Bajando el Índice de Gini

Recientemente la Fundación Democracia y Desarrollo, encabezada por el ex presidente Ricardo Lagos, presentó el informe “Visiones que transforman: Un Chile inclusivo y con empleos de calidad al 2030”. Allí se recogen las propuestas de casi cuarenta expertos para la generación de empleos y el crecimiento de largo plazo en el país.

La investigación se focaliza en impactar tres pilares clave para la generación de empleos y el crecimiento de largo plazo: inversión para la sostenibilidad del progreso (foco en minería, energía, infraestructura, ciudad e innovación); productividad y cambio tecnológico inclusivo (enfocado en formación y reconversión laboral de las personas); y modernización de las pymes con mayor inclusión laboral (enfocado en mujeres y jóvenes).

Según la consultora internacional Deloitte, que participa en el estudio, las iniciativas planteadas en el informe incorporan a 630.000 mujeres y jóvenes al mercado laboral,  generando 860.000 empleos adicionales al 2030 y aumentos de productividad cercanos a US$16 mil millones, lo que equivale a 5,5 puntos del Producto Interno Bruto actual.

Las propuestas recogen las inquietudes surgidas durante el estallido y la pandemia en torno al perfil del mercado laboral chileno, en el que existe una clara brecha de participación entre trabajadores del quinto quintil (20% más rico) con los del primer quintil (20% más pobre); más aún en términos de rentas o sueldos.

La directora de “Visiones que Transforman”, Tatiana Molina, destaca que a través de la incorporación de mujeres y jóvenes más un plan de capacitación y reconversión laboral de un millón de personas, “podríamos mejorar la equidad llevando al índice de Gini al nivel más bajo de los últimos quince años”.

«Eppur si muove» (“Y, sin embargo, se mueve”) dice Galileo Galilei cuando es obligado a abandonar su teoría de que la tierra forma parte de un sistema en el que el sol es el centro y no nuestro planeta.

Algo así se podría comentar con respecto a la idea del «trabajo», en medio de tiempos tan líquidos como los actuales. El proyecto de reducción de jornada laboral a 40 horas y el informe “Visiones que transforman” aportan a que el trabajo, como el sol, se ubique al centro de las herramientas de desarrollo y no de desigualdad.

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