Médico Psiquiatra asegura que la personalidad determina el modo de enfrentar la cuarentena

0
785

Siga aquí el Fanpage del diario digital En La Línea

La personalidad, entendida como un patrón de características propias de cada persona y que define el modo de relacionarnos con otros, el entorno y nosotros mismos, es la pieza clave para enfrentar el aislamiento social y el encierro en una cuarentena. El Dr. Matías Amenábar, médico psiquiatra de Clínica Indisa, asegura que el confinamiento prolongado impacta de forma distinta a cada quien según sus rasgos de personalidad.

“La cuarentena constituye un nuevo estado que nos lleva a un proceso de adaptación a una nueva realidad, que nos limita a realizar muchas acciones cotidianas de nuestras vidas. Se activan nuevos mecanismos de afrontamiento y estrategias que utilizamos para adaptarnos a estos cambios”, aclaró.

Sin embargo, no todos sobrellevamos la cuarentena de la misma manera ni las estrategias de uno son efectivas en otros, sino que nuestra personalidad es un gran determinante de cómo la enfrentamos, si bien es normal experimentar emociones, pensamientos, síntomas y conductas asociados a la ansiedad, la angustia, la incertidumbre, el miedo al contagio, insomnio, irritabilidad y alteraciones en la alimentación; es probable que éstos se intensifiquen en la medida  que se extienda la cuarentena, razones que nos obligan a prepararnos y anticipar estrategias propias para no caer en la desesperación ni en una eventual depresión.

El médico psiquiatra elaboró algunos ejemplos de cómo se podría llevar la cuarentena según cada personalidad, enfatizando que: “estar conscientes de nuestra forma de ser nos puede ayudar a anticipar nuestra conducta y poner atención a la regulación de la misma”.

Enfoque del encierro

La personalidad obsesiva caracteriza a personas preocupadas por el orden, el perfeccionismo y el control mental e interpersonal a expensas de la flexibilidad, la espontaneidad y la eficacia. Se preocupan por los detalles, el orden, la organización y los horarios, hasta el punto de perder el objetivo principal de la actividad. Tienen una dedicación excesiva al trabajo y a la productividad a expensas de las actividades de ocio y de las relaciones con familiares y amigos.

El obsesivo en cuarentena intentará rendir igual o más de lo que lo hace en su trabajo en condiciones normales. Al no contar con las mismas herramientas o condiciones de su trabajo habitual, tendrá que disponer de más tiempo para lograr los mismos objetivos que se ha autoimpuesto debido a su alta exigencia; a expensas del tiempo de su vida familiar y ocio. Al verse amenazado por no cumplir sus metas, podrá experimentar ansiedad, frustración, irritabilidad e insomnio.

Para personas con personalidad histriónica, aquellas con excesiva emotividad y búsqueda de atención. Se sienten incómodas en situaciones en que no son el centro de atención; la interacción con los demás suele caracterizarse por un comportamiento seductor o provocativo. Muestran dramatización, teatralidad y una exagerada expresión emocional. Son sugestionables, es decir fácilmente influenciables por los otros o por las circunstancias.

El histriónico en cuarentena realizará todos los esfuerzos posibles por destacarse en las redes sociales, ya que el aislamiento social no le permitirá ser el centro de la atención en la interacción social presencial. Utilizará su dramatismo, llegando incluso a planteamientos catastróficos. Tratará de llamar la atención con ciertas publicaciones que generen pánico colectivo, además de subir a las redes sociales noticias llamativas, como inicios o términos de cuarentena; difundirá el mismo mensaje a varios grupos de amistades, etc.

Una persona histriónica buscará generar espacios de interacción social, por ejemplo creando el grupo para videollamada.

Aquellas personas con personalidad antisocial son las que tienen un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás. No se adaptan a las normas sociales. Muestran deshonestidad, que se manifiesta en actos como mentir en forma repetida o engañar para obtener beneficios personales. Es frecuente en ellas la impulsividad, incapacidad para planificar el futuro, irritabilidad y agresividad, y la despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás. En ellas, hay falta de remordimientos, indiferencia o justificación por haber dañado, maltratado o robado a otros.

Una persona antisocial no respetará la cuarentena debido a su falta de empatía y escasa preocupación por su seguridad; tampoco se preocupará por la de los demás. La persona con rasgos antisociales más marcados puede disfrutar de la desgracia ajena e, incluso, si está contagiada con Covid-19, puede ir a aglomeraciones para así contagiar a otros.

En las personas con personalidad paranoide, la desconfianza y suspicacia las lleva a interpretar los actos de los demás como maliciosos. Sospechan en forma infundada de que los demás las están explotando, engañando o perjudicando. Se preocupan por dudas injustificadas sobre la lealtad o fidelidad de los amigos. Son reticentes a hacer confidencias a los demás, debido a un temor injustificado a que la información que den se use en su contra con maldad. Albergan rencores; no olvidan los insultos, los perjuicios causados ni las muestras de desprecio.

El paranoide en cuarentena puede pensar que los demás lo quieren perjudicar; que probablemente un vecino o compañero de trabajo, que alguna vez él pensó que le dirigió una fea mirada, ahora vea la oportunidad de poder contagiarlo. Va a ser muy estricto en cumplir la cuarentena, ya que él piensa que su hogar es su refugio, en un mundo donde la maldad abunda y cualquiera puede encontrar en él una víctima fácil para contagiar.

Finalmente las personas con inestabilidad emocional de personalidad se caracterizan por su inestabilidad en las relaciones interpersonales, en la imagen de sí mismos y en la afectividad. Destaca en ellas la impulsividad y la alteración de la identidad. Realizan esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginado. Presentan un patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas, caracterizadas por la alternancia entre los extremos de idealización y devaluación. Sufren episodios de irritabilidad y tienen dificultad para controlar la ira.

La persona con inestabilidad emocional de la personalidad tendrá especial dificultad para afrontar la cuarentena producto de su baja tolerancia a la frustración y a su vulnerabilidad a nivel emocional. Probablemente, estas personas presenten más irritabilidad y ansiedad que las que no tienen esta inestabilidad emocional. El aislamiento social las puede llevar a experimentar con más frecuencia la sensación de vacío emocional y el miedo al abandono.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here