Crisis de la política, caída de las elites y el fin de una época: ¿cómo es el Chile que viene?

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El fin de una época, la caída de las elites y el surgimiento de sectores políticos no tradicionales, son parte de los factores que vive Chile tras las recientes mega elecciones, según la mirada de especialistas de la Universidad Católica del Norte (UCN), quienes -desde distintas visiones- analizaron el nuevo escenario y su impacto en el futuro del país.

“Lo central es la caída del modelo de democracia representativa”, destaca la Dra. Francis Espinoza Figueroa, quien, pasada la efervescencia, contingencia y adrenalina que dejó el histórico proceso eleccionario de mayo, desmenuzó los principales cambios que se visualizan. “Me da la sensación que la gente no se siente cómoda con entregar el voto y delegar la responsabilidad en otras personas. La gente quiere mayores espacios de democracia directa”, explicó la académica de la Escuela de Periodismo al referirse al alto nivel de abstención que caracterizó el proceso.

También puso de relieve que se observa una caída de la política tradicional, sustentada por partidos políticos. La razón, añade, puede ser por el descrédito de los partidos y liderazgos políticos y de la elite que gobierna. Agrega que otro factor es la crisis del modelo neoliberal en dos aspectos: en primer lugar, con la elite política, que no logró capitalizar las demandas de la ciudadanía, y otro es que en sistemas neoliberales las democracias se vuelven instrumentales, sobre todo en favor de las elites económicas.

PARIDAD Y REGIONALIZACIÓN

Para el director del Instituto de Políticas Públicas (IPP-UCN) de Antofagasta, Cristian Rodríguez Salas, un primer hito relevante es haber elegido una constituyente bajo el principio de la paridad y la representación de los pueblos indígenas, con resultados que abren espacios a la participación del futuro del país a los independientes, muchos de los cuales representarán las demandas de los sectores más postergados, “todo lo cual asegura un reseteo de nuestra agotada democracia de acuerdo con un país del siglo XXI”.

Según su análisis, un segundo punto destacado es la elección de gobernadores(as) regionales, lo que permitirá a las regiones avanzar desde una descentralización inconclusa a una descentralización efectiva. Lo anterior, agrega, permitirá a los territorios transformarse en actores del desarrollo regional y a los ciudadanos incidir en las decisiones sobre su calidad de vida y bienestar.

Un tercer punto a destacar es que los resultados no solo tendrán como efecto una transformación de las estructuras institucionales de la democracia, sino que también significan el inicio de un proceso de recambio en las elites, con nuevos liderazgos que permitan devolver la confianza en las instituciones.

BAJA PARTICIPACIÓN

Otra mirada la aporta el historiador y académico de la Facultad de Ciencias Jurídicas, Dr. José Antonio González, quien se refirió al impacto de la baja participación ciudadana en el acto eleccionario más decisivo de los últimos 100 años- como era elegir a los miembros de la Convención Constituyente-, debido a la simultaneidad de elecciones concurrentes. “Hubo un doble impacto, pues se tenía cierto resguardo frente a la pandemia y, por otra parte, las múltiples manifestaciones callejeras pacíficas -no los actos de violencia- no reflejaron el clamor de la participación”, especificó.

Agrega que otro hito es el derrumbe de las argumentaciones sobre la transición democrática, y la actuación de los partidos tradicionales participantes en la transición y los gobiernos de los últimos 30 años, sin atenuantes. “De nada valieron el descenso abrupto de los niveles de pobreza que el país exhibía en 1990, el crecimiento económico que, con todas sus dificultades, no logró establecerse en desarrollo socio económico, y cimentó el factor del sector privado en la economía nacional, etc.”. Se produjo, indicó, un castigo electoral formidable, principalmente a los más próximos a defender con matices el modelo económico y sus aristas, isapres y AFPs.

En tercer término, manifestó que se puede identificar el surgimiento de un sector político, no institucional, cuya base son los movimientos sociales auténticos, con un discurso anti-partido, con variedades de temáticas sobre la economía, el recurso hídrico, la educación, la salud, el sistema de seguridad social. Irrumpe y en cierta manera pone en compás de espera: a) a los partidos políticos y sus presidenciables con sus estrategias de comunicación y programas de gobierno, parcialmente conocidos; b) el cuestionamiento a los criterios de izquierda y derecha, desde la perspectiva de crítica al sistema político, de renuncia a traducir las demandas y expectativas del pueblo; y c) la problemática de llegar a acuerdos en la Convención Constituyente en los temas más graves para la ciudadanía, por un tema de interlocución con los sectores y su gravitación numérica en la convención, y, por otro, la distancia de percibir en algunos tópicos la necesidad de reformar parcialmente el statu quo, como por ejemplo en temas como el  agua, o la energía eléctrica, o modificar radicalmente la situación.

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