Replanteamiento de la arquitectura tras la cuarentena

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Las dimensiones de viviendas, centros comerciales y lugares de reunión en general, serán motivo de una profunda reflexión en torno a los espacios para habitar; luego de los largos periodos de cuarentena a los que se ha visto enfrentada la población producto de la pandemia de COVID-19.

Consultada la jefa de la carrera de Arquitectura de la Universidad Católica del Norte (UCN), Valeska Cerda Fuentes, sobre si las estructuras habitables estaban preparadas para una situación como una cuarentena prolongada, la profesional indicó que con la emergencia sanitaria surge una transformación o multiplicidad de uso de los espacios, dados por los mismos usuarios. El uso cotidiano puede transformar un lugar, los espacios interiores sufren una variabilidad al estar confinados, el comedor pasa a ser un lugar de trabajo o de estudio, y la cocina es el comedor, ejemplifica. “Las transformaciones del espacio de las viviendas que son de dimensiones reducidas son más difíciles de compensar”, afirma la experta.

Al respecto, explica que un concepto clave es la “habitabilidad” de todo proyecto arquitectónico. La docente apunta a que el espacio interior debe cumplir con tres condiciones de base: el aspecto térmico, que dice relación con la temperatura de los lugares; el acústico, por los ruidos ambientales tanto al interior como exterior del inmueble; y el lumínico, que son las condiciones de luminosidad de los espacios interiores para desarrollar las distintas actividades.

“Lo que ocurre es que esa visión de habitabilidad es muy básica en las normativas existentes. Cualquier local es habitable según la ordenanza si del piso al cielo del inmueble hay 2,30 metros; si lo cumple, es habitable”, aclara la académica, agregando que junto a esa condición existen otras, pero que en conjunto son condiciones mínimas de confort para el habitante.

En tanto, la doctora en Urbanismo y también docente de la Escuela de Arquitectura UCN, Celia Martínez, señala en la misma línea que la situación actual puede poner sobre la mesa algunos temas como la dicotomía campo-ciudad, los sistemas de movilidad y las relaciones entre lo público y lo privado.

En este último punto afirma que lo público y lo privado se reflejan en los espacios intermedios, entre la calle y la residencia. “Galerías, terrazas y balcones, entre otros, deberían ser bien aireados y soleados, desde donde se pueda observar el paisaje, ver el cielo, hacer algo de ejercicio para socializar con los vecinos aunque sea a distancia; alternativas que están revelándose cómo imprescindibles para sobrellevar el confinamiento de gran parte de la población”, apunta.

Cuarentenas prolongadas

En cuanto a las cuarentenas por periodos prolongados y su influencia en el reinventar o rediseñar espacios tanto públicos como privados, esta situación plantea una crisis del habitar.

Para Valeska Cerda, esto se refiere a la “carga de ocupación” que debe tener un espacio por normativa, que es la relación de número máximo de personas por metro cuadrado. Por ejemplo, en una vivienda de 60 metros cuadrados, la carga de ocupación útil debe tener hasta 15 metros cuadrados por persona, no considerando baños u otro espacio de este tipo.

“La transformación del espacio ocurre de acuerdo con la necesidad de cada persona, porque a veces falta espacio. Pero esto no tiene criterio de habitabilidad, sino que apunta a lo funcional, por lo que se sacrifica el patio pequeño, ventanas que están hacia el exterior y quedan mirando a un pasillo, no hay ventilación directa, incluso las luces están encendidas siempre”, señala la académica.

Para la Dr. Celia Martínez, durante las últimas décadas los estudios científicos resaltan la necesidad de tomar medidas urgentes a las emergencias interconectadas del clima y la naturaleza, lo que afecta directamente a los modos de vida y, por tanto, a la arquitectura, el urbanismo y la ordenación del territorio. “Son temas ineludibles para la profesión, aunque no sé si son nuevas perspectivas; el reto es lograr su implantación”. Por lo mismo, la experta espera que el temor no sea lo que motive a dar una respuesta.

“Me gustaría pensar que el miedo no será el motor de diseño, sino la idea de tener ciudades y territorios más resilientes a nivel social, ecológico y económico”, señala.

En esa perspectiva, Valeska Cerda, quien dicta el Taller 3 de Arquitectura y Cobijo, plantea que las preocupaciones siempre fueron terremotos e incendios, y las ciudades se van preparando para ello, pero ahora surge esta pandemia, que agrega una nueva inquietud.

“Después del terremoto y tsunami de 2010, hubo sectores en la costa que se rediseñaron por completo. La resiliencia de las ciudades se genera y estas se van transformando por desastres naturales, ahora por la pandemia es evidente que se pueda dar un cambio, no imagino cómo, pero la creatividad surge. En el Taller de Cobijo vemos cómo los espacios se transforman por el uso de las personas”, explica la arquitecta.

Finalmente, sobre si esta pandemia provocará un cambio en la enseñanza de la arquitectura, para la Dra. Martínez la reflexión en las aulas de arquitectura es un desafío constante, por lo que se debe apuntar a cómo se implantan los cambios. Para la jefa de carrera, Valeska Cerda, el eje está en el sentido ético de cómo volver a mirar, diseñar y construir espacios para las personas.

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