Recordando a Héctor “Tito” Álvarez: el gerente de la humildad

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El pasado 2 de mayo se conmemoró un año del fallecimiento de Héctor “Tito” Álvarez, quien fue un importante empresario y residente del campamento Chuquicamata.

Tal fue la envergadura de sus logros e importancia para la comunidad que don “Tito” fue declarado hijo ilustre de Calama, recibiendo en 1996 la Mazorca de Oro, máxima distinción a la que puede aspirar un ciudadano loíno y galardonado en el 2010 como “Ciudadano destacado”, reconocimiento entregado por la Cámara de Diputados.

Todo comenzó en Pampa Unión, donde nació. Un pueblito pequeño donde se concentraba el comercio de las salitreras. “Mi abuelo Germán tenía una verdulería y en una carreta salían a repartir los productos, pero cuando sucumbió el salitre, el abuelo se tuvo que venir a trabajar a Chuquicamata, que era la única mina que existía en esa época, y mi padre se vino con 5 años. Es allí donde comienza su gran historia”, comenta orgulloso Germán Álvarez, hijo de “Don Tito”.

Fue en Chuquicamata donde el ciudadano destacado creció y se educó. Cursó educación básica primaria, en esa época, la cual solamente la terminó hasta sexto de preparatoria, por lo que a muy temprana edad empezó a trabajar. “Fue lustrabotas, vendió diarios e hizo varias cosas hasta que a los 17 años entró a trabajar a “Foli Hermanos”. Era la única empresa y gran contratista de ese entonces, y que estaba construyendo parte de la mina Chuquicamata, especialmente la Planta Sulfuros”, señaló Germán, quien relata detalles y anécdotas de la vida de su querido padre.

¿Es allí donde comienza la gran historia de “Tito” Álvarez?

Sí, el papá trabajó un par de años en esa empresa y luego se da cuenta de que había mucha necesidad y varias cosas por hacer y decidió incursionar en la parte privada. Fue entonces cuando deja de ser empleado y se hace subcontratista. Como él tenía tanta llegada y simpatía se ganó unos contratos grandes ahí en la minera. Así comenzó a trabajar con su propio camioncito, que era muy viejito y empezó a acarrear  y transportar el material que se producía dentro de la mina.

Y así se inicia su historia, con harto esfuerzo y perseverancia, hasta que logra tener ya su propia empresa, pero entre medio hay varias, varias situaciones que demuestran su ímpetu de cómo él quiso emprender y sinceramente creo que lo logró.

¿Podrías comentarnos alguna de esas situaciones?

Sí claro, por ejemplo cuando los norteamericanos manejaban la Chilex Exploration Company y empezaron a ver a mi papá que era un hombre esforzado y muy trabajador. Lo llamó desde la gerencia, el gerente de Abastecimiento de Chuquicamata en esa época, y le propone pasar a ser contratista directo, no subcontratista como lo era hasta entonces, pero le exigen que debía tener un camión nuevo.

Entonces el gringo conversa con mi papá y le dice ya… ¿cuánto te cuesta un camión? A lo que mi papá responde, no sé x cantidad, y como el gerente le tenía cariño y lo veía tan responsable, lo ayudó y le pasó la plata necesaria para que consiguiera su camioncito nuevo.

Resulta que mi padre tiene que viajar a Antofagasta y allá, como es la vida, estaba el representante de los camiones Ford que era don Andrónico Luksic, que en paz descanse. Bueno, él fue quien atendió a mi papá, conversaron y le cayó en gracia a Don Andrónico. El tema es que mi papá, como visionario que era, le dice que el problema es que tiene la plata para comprarse un camión en efectivo, pero él no quería un camión, quiero tres le dice y le propone aceptar el dinero como pie y le prometió pagar el resto en cuotas, porque antes no existía o no era muy conocido esto del crédito, sin embargo Luksic le creyó, aceptó las condiciones y le entregó los tres camiones.

Después mi padre llegó a la mina donde el gringo le pregunta cómo le fue y si había traído el camión y mi papá responde sí jefe, pero tengo un problema, al final no traje uno… traje 3 camiones y ahí comienzan todos ¡No Tito, pero cómo!  ¡Cómo se te ocurre! Y mi papá le responde muy sincero: yo sé jefe que Ud. me ha pagado bien, pero también tengo deseos de crecer y hacer las cosas bien le dice, y el gringo le respondió: bien hombre, te voy a dar pega para que trabajes los 3 camiones. Ese fue el inicio de su propia empresa.

¿Así comienza a forjarse el apodo de “Gerente de la Humildad”?

Bueno el siempre trabajó mucho y estuvo al frente de su empresa. Tenía una comunicación muy fluida y muy cariñosa con todos sus colaboradores, siempre que él sabía que había que ayudar en algo, lo hizo. Siempre estuvo pendiente de todos, se preocupaba de sus trabajadores, incluso participaba en los campeonatos de fútbol y jugaba como guardavalla o arquero. Cuando comenzó a crecer y tener más camiones también empezó a ayudar a más personas. Se hizo Ramadero y ganó algunos lugares con sus fondas en Chuquicamata. Asimismo siempre fue muy devoto de la Virgen de Ayquina y cuando comenzó a tener más poder adquisitivo empezó a apoyar a los bailes y los transportaba gratis para las celebraciones. Después también aportó cuando se construyó el Colegio Guadalupe de Ayquina, también apoyó mucho a las monjas y así empezó a entregar apoyo a varias instituciones y se hizo conocido, y desde ahí proviene ese apodo, por esa parte tan humanitaria de mi papá.

¿Y la comunidad?

Bueno las personas lo recuerdan por sus buenas obras, su carisma y espontaneidad. De hecho al pasar el tiempo la ciudad también lo supo reconocer y fue homenajeado con todos los premios que una comuna te puede entregar: se ganó hasta la Mazorca de Oro, antes fue nombrado Ciudadano Ilustre y fue premiado con hartos galardones porque el perteneció al Club de Leones Círculo 33; fue caballero de Topáter y un montón de todos estos clubes que también podían entregar ayuda a la comunidad.

CAMPAMENTO CHUQUICAMATA

Adentrándonos un poco más en la vida personal de Don Tito y de la familia Álvarez en sí, también su hijo recordó su vida en el mineral.

¿Cómo fue la vida en Chuqui? ¿Cómo la recuerda?

La verdad fue muy especial. Yo creo que él hizo la mejor elección cuando se casa con mi madre. Tuvo una mujer que lo apoyó 100% y creo que gran parte del éxito se lo debe a ella, quien fue siempre una gran mujer. Iba al lado siempre con la idea de trabajar en conjunto, todo lo hacían juntos. Los negocios que hicieron fueron igual y fue muy especial porque ambos trabajan para levantar la compañía, entonces, el papá decide hacerse subcontratista y la mamá siguió trabajando en el hospital, en el primer hospital de Chuqui; el primero que se tapa, no el último.

Eso nos permitió a nosotros, los hijos, poder tener casa y poder tener los beneficios que se entregan por salud, así que por lo menos mi papá iba a trabajar mientras mi mamá mantenía la familia. Así fue como lo lograron hasta que un día mi padre le dice  a mi madre “ya chatita, ya está bueno, no trabaje más, ahora véngase para la casa y hagamos otras cosas”.

Resulta que ahí a mi padre se le metió una idea en la cabeza. En uno de los tantos viajes de negocios que hizo a Santiago, vio que allá en los años 60’ se habían implementado las llamadas “fuentes de soda” y le gustó, el quiso copiar esa idea e instaurarla en Chuqui.

Dicho y hecho, se compró esa cervecería que estaba en el campamento. Se trajo de Santiago el primer “Wurlitzer”, en realidad compró dos, uno para su nueva fuente de soda y otro que se lo vendió a los gringos para el Club de Supervisores. Finalmente se instaló con esta propuesta, vendía pasteles y era más familiar: lamentablemente fracasó pues los viejos de Chuqui querían cervezas, tomaban como a contrato (ríe).

A los 3 meses tuvo que cambiar y volver a hacer del local una cervecería porque la verdad que no podía pagar y el chino, dueño del local, le estaba cobrando y bueno, así tuvo que volver a lo antiguo y gracias a Dios retomó esto, se dedicó a trabajar con la mamá. En conjunto fueron los dos siempre de la mano, toda la vida hasta que la mamá falleció. Estuvieron juntos 67 años casados hasta el último día y eso es lo que más destaco de Chuquicamata, todas las vivencias y experiencias que pasamos como familia.

¿Qué es lo que más destacaría de Don Tito, como padre, como persona y empresario?

Diría que me siento orgulloso de haber tenido la suerte de tener un padre como él y una madre como la que tuve, porque la verdad es que ese matrimonio fue espectacular. Fuimos cuatro hermanos y digo fuimos porque lamentablemente dos hijos, mis dos hermanos mayores fallecieron. Uno muy joven a los 42 años, el otro a los 55.

Esta familia ha tenido muchas penas así como también hemos salido adelante teniendo muchos logros y alegrías, pero los episodios más tristes fueron las dos partidas de mis hermanos que nos costó mucho, a mi madre sobre todo, el poder aceptar algo como esto, porque la vida uno la tiene preparado al revés. Primero uno sepulta a los papás y no los papás los hijos. Eso fue un golpe durísimo, sin embargo pudieron salir adelante y se quedaron con nosotros: Rodrigo, mi otro hermano, y quien les habla, fuimos lo que quedamos y hasta hoy puedo decir que mi padre es un hombre fuerte, emprendedor y luchador. Lo que más puedo decir que él nos enseñó que ser un buen trabajador, ser constante y honrados.

Como hombre, nada que decir, un gran hombre, siempre tratando de ayudar y de apoyar a todos. Un hombre sano, muy buena persona y muy querido por todos, era muy alegre, un buen tipo.

¿Algo más que agradecer a su padre?

Lo que más puedo agradecer es que siempre fue visionario con sus hijos. Toda vez que nosotros llegábamos a primero medio, él nos traía y nos hacía trabajar en vacaciones de invierno y verano, nos hizo conocer la empresa y nos hizo trabajar desde abajo, acarreando material, manejando camiones, etc. Cuando terminamos cuarto medio nos dio la tarea más importante: hacernos socios pero para que sean parte de esta empresa, cada uno de ustedes debe llegar aquí con un título universitario y el que no cumple no puede ser mi socio, nos dijo.

Y creo que como todos crecimos viéndolo perseverante y con convicción de lograr sus metas, lo hicimos. Gracias a Dios le dimos la satisfacción y sus cuatro hijos logramos ser profesionales universitarios.

¿Cuál fue el mayor legado que dejó para usted Don Tito?

Ser un hombre siempre honesto, trabajador y perseverante. Eso creo que son las grandes cosas y valores que él me transmitió.

¿Qué significa hoy en día ser hijo de Héctor Álvarez?

Creo que tiene mucho valor y mucha responsabilidad. Creo que lograr lo que él hizo es difícil. Uno tiene muy de cerca a quien admirar y a veces es muy difícil imitar lo que hizo. Gracias a Dios que con la visión futurista que siempre lo caracterizó nos dio estudios y en ese sentido creo que mi papá se fue tranquilo, conforme porque cuando deja la empresa como persona natural en el año 1975, crea la Sociedad Comercial Álvarez, donde hizo socio a todos sus hijos y nos dejó a cada uno a cargo de un área y logramos triplicar el valor de la empresa, por lo que estoy seguro se fue muy conforme con lo que logró en nosotros. Todo el esfuerzo de él y de mi madre se vio reflejado cuando como hermanos nos hicimos cargo de la empresa familiar y resultó de muy buena manera.

Entonces, en este sentido, es un orgullo ser hijo de mi padre y de mi madre, pero también es una responsabilidad tremenda de retribuirles día a día todo lo que hicieron por nosotros. Agradezco y creo que ambos se fueron muy contentos de vernos crecer y de vernos lograr nuestras metas. Creo que están descansando en paz, así Dios lo quiera.

PROYECTOS INCONCLUSOS

Uno de los tantos anhelos que tenía Don Tito, de mejorar Chuquicamata, de modernizar Calama y de hacer más bonita esta ciudad era el proyecto de un teleférico en sector Yalquincha, el cual fue anunciado con bombos y platillos, pero que finalmente no se concretó.

¿Qué pasó con eso?

Lamentablemente no lo pudimos hacer. Ojalá que algún día se logre. El remató el teleférico de El Colorado en Santiago y me recuerdo de cuando lo remató, entre otro montón de cosas que siempre con una visión más allá, él compraba y remataba para darle otro uso acá en la zona.

Resulta que en Santiago estaban renovando el teleférico. Las sillas transportadoras eran un tremendo armatoste para transformarlo y en lo personal me tocó ir a desarmar todo ese andarivel, ¡imagínate!… larguísimo, de kilómetros con un montón de sillas y con todas las piezas para que esto funcionara correctamente. Me demoré tres meses y lo trajimos en tremendas maquinarias. Hoy está aquí en Calama, pensamos. La idea original de mi padre era instalarlo en Yalquincha para darle un plus turístico y otro atractivo a la zona. Nosotros después pensamos en llevarlo a San Pedro de Atacama hicimos el proyecto pero lamentablemente, tampoco se pudo concretar. Pero ahí está, lo tenemos y ojalá en un futuro cercano se pueda emplazar y hacer realidad ese sueño que mi padre tuvo en su cabeza.

Por: Francisca Henríquez, periodista

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