Histórico volante de Cobreloa y sus 14 años en el club: «Nunca sentí otra camiseta»

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Sin pasar por una escuela de fútbol ni las inferiores de ningún club, Armando Alarcón se convirtió en uno de los grandes símbolos en la gloriosa historia de Cobreloa. Y la idolatría que alcanzó hasta en su natal Taltal, no sólo se debió a sus 5 títulos con la camiseta naranja (4 nacionales y una Copa Chile) sino en la identificación que logró con la camiseta naranja tras dejar en 1976 Codelco Chuquicamata, específicamente la Unidad de Fluídos, para enrolarse en el naciente equipo que abandonó en 1990 debido a una rebelde lesión a su rodilla derecha. En los 14 años que dedicó al fútbol profesional, incluida las dos finales de Copa Libertadores de América, su único equipo fue el representativo calameño, historia parecida a la del italiano Francesco Totti en la A.S. Roma

«Dentro del plantel fui uno de los iniciadores y el último en salir del listado de aquellos que comenzaron en el club. El 88 fue el último título que obtuve en Cobreloa», reconoce con orgullo el otrora volante de contención minero, pese a que, incluso, pudo vestir los colores de un grande de Uruguay y Sudamérica.

«Escuche una conversación cuando estaba en el camarín, donde estaba el doctor Sergio Stoppel (Q.E.P.D.) y le preguntaban por mi. De hecho, me hicieron probar hasta una camiseta de Peñarol. Pero él les dijo que el equipo no se desarmaba y que no querían deshacerse de ningún jugador», recuerda el hoy comerciante taltalino.

Su despedida del fútbol activo lo hizo en el comienzo de la década del Noventa con 35 años. «Ya me costaba mucho recuperarse. Me operaron, pero me hicieron recuperar muy rápido, parece. Recuerdo que fuimos a jugar con Colo Colo a Santiago, y cuando regresamos hicimos un entrenamiento suave en una cancha de maicillo en el Club de Campo en Calama, y me volví a lesionar. Y como le tengo alergia a los hospitales, dije no juego más. Y para ser muy franco, nunca sentí otra camiseta. La única fue la naranja», reconoce.

Incluso, relata que después de dejar la actividad, hubo varios equipos que lo llamaron para ficharlo y prolongar así su exitosa carrera, «pero como salí un poco resentido de la rodilla no iba a rendir ciento por ciento, por lo mismo preferí no jugar más. Lo otro es que tampoco me nacía ponerme otra camiseta; como que no iba a ser igual, porque no sentía otros colores. Tampoco me sentía bien (de la rodilla) para seguir un año más en Cobreloa. Se me inflaba mucho y mi rendimiento no iba a ser el óptimo para el equipo».

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