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¿Fue un acto de amor el que cometió Jorge Olivares (84) un sábado de julio a la hora del té, en su casa de Conchalí, cuando le descerrajó un tiro en la cabeza a Elsa Ayala (89), su esposa, quien padecía un cáncer ovárico con metástasis que la tenía postrada, y luego se disparó a sí mismo?

La pareja vivía sola en una modesta vivienda. No tenían hijos. Entre ambos sumaban 400 mil pesos de ingresos al mes. Como ambos estaban con neumonía, el personal del Centro de Salud Familiar (CESFAM) había logrado convencerlos de que se trasladaran a un hogar de ancianos. Los Olivares Ayala eran queridos por el equipo, tanto que una técnico médica les llevaba desayuno a diario, incluido ese sábado en que Jorge decidió poner fin a la agonía de su mujer y a su propia vida. Una decisión que pudo ser consecuencia del “desgaste del cuidador por el constante requerimiento de cuidados de Elsa”, como dice su informe sicólogico.

El caso fue difundido en la prensa y las redes explotaron con mensajes donde se repetían las palabras vejez, pobreza, enfermedad, depresión. Hurgando en la web, impresiona la abundancia de casos similares en España, donde el envejecimiento de la población es tal, que por tercer año consecutivo ese país registra más muertes que nacimientos.

Chile también envejece. Y aunque lo hace a pasos agigantados, seguimos sin hacernos cargo de los problemas de la vejez con una robusta política multisectorial para los adultos mayores. En especial, para los más vulnerables. Los adultos mayores con dependencia severa en los quintiles de ingresos más bajos son casi el 30%, a diferencia de los más altos donde no llegan al 10%. Ese era el caso de Elsa. En estas situaciones, las necesidades de atención especializada van complejizándose día a día, y los cuidadores que suelen ser familiares y adultos mayores también van desgastándose y cayendo en la depresión, como probablemente le sucedió a Jorge.

Jorge y Elsa me recordaron “Amour”, película que cuenta la historia de un matrimonio de músicos parisinos, donde él, en un acto desesperado de depresión y desolación, de soledad y deterioro, de enfermedad y sinrazón, resuelve “apurar la causa”, dándole muerte a ella, tal como hizo en Conchalí, Jorge con Elsa, una pareja que requería mucho más de lo que fuimos capaces de darles. 

Por Juan Cristóbal Romero, director ejecutivo del Hogar de Cristo

 

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